TIERRA DE DRAGONES

Hace más de cincuenta años que la Charles Darwin Foundation lleva a cabo investigaciones sobre la flora y la fauna de las famosas Islas Galápagos y asesora al Gobierno de Ecuador en su esfuerzo por preservar este paraíso natural único. Notas de una visita a los guardianes de la evolución.

 

Un dragón primitivo con un reluciente brillo rojizo agita de forma violenta su cuerpo de un metro de largo.Carolina García Parra y su asistente sujetan la cola de este enorme saurio y la aprietan contra el suelo para así poder agarrar rápidamente al animal por el cuello, justo por donde le nacen esas púas que forman su dura cresta y que hacen que esta criatura parezca salida de la película Parque Jurásico. Con manos expertas, García Parra extrae unas gotas de sangre del animal con una jeringuilla. A continuación deja marchar a la iguana, que se escabulle rápidamente en busca de la seguridad que le ofrecen las cercanas rocas volcánicas. «Tan solo durante la última semana, hemos hallado varias iguanas marinas de gran tamaño muertas en la isla de Santa Cruz», comenta la veterinaria de la Charles Darwin Foundation para dar cuenta de su misión. «Ahora, en colaboración con los guardas del Parque Nacional Galápagos, estamos 

 

 

intentando descubrir la causa exacta de su muerte».

 

A la larga se localizaron los cuerpos sin vida de unas 30 iguanas marinas en la zona de Las Palmas de Santa Cruz. La misteriosa enfermedad consiguió propagarse después a Bahía Tortuga, e incluso llegó a la colonia que habita en el muelle de la Charles Darwin Foundation. Poco tiempo después, docenas de animales de Isla Floreana también se vieron afectados. En total fallecieron unas 150 iguanas marinas. Con el fin de descubrir la causa de esta epidemia, García Parra se dispone a enviar muestras de sangre del ejemplar macho sano junto con otras de tejido de sus compañeros muertos a un laboratorio especializado que depende de la Universidad de Florida en Gainesville. «Curiosamente, todos los individuos parecían estar bien nutridos y su estómago aún estaba lleno de algas verdes y rojas», comenta la veterinaria con cierta preocupación. Dado que todos los análisis del agua salieron limpios, se desestimó el envenenamiento de los animales como causa. «Y debemos dar gracias por no haber encontrado aún ningún animal muerto en las islas de San Cristóbal y Plaza Sur», exclama García Parra visiblemente aliviada.

 

¿Tragedia en el Jardín del Edén? Las investigaciones de este tipo son parte esencial de las tareas diarias de esta joven veterinaria de Barcelona, que ya hace dos años y medio que trabaja en Galápagos. En un esfuerzo conjunto con otros renombrados biólogos, oceanógrafos, ornitólogos y botánicos de la Charles Darwin Foundation, Carolina García Parra aplica sus competencias científicas a la protección de las Islas Galápagos. La organización se fundó en 1959 bajo los auspicios de la UNESCO y, desde entonces, se ha dedicado a explorar e investigar exhaustivamente este frágil biotopo. La fundación también es la principal autoridad entre los asesores del gobierno ecuatoriano en todo lo referente a la conservación de este imponente archipiélago y Patrimonio de la Humanidad, un paraíso de aislamiento.

 

Los paisajes únicos y misteriosos de estas islas nos cautivaron desde el primer momento en que las pisamos. Es imposible no dejarse atrapar por la fascinante visión de su escarpada costa, o esos campos de lava negra y esas áridas colinas de formación volcánica donde los cactus y los árboles de sándalo florecen de forma casi milagrosa. O por el verde interior de sus altiplanos, cuyo clima es húmedo y fresco, con esa ligera bruma que parece cernirse eternamente sobre sus altos picos. Hace unos cinco millones de años que estas islas volcánicas surgieron de las profundidades del océano Pacífico, de modo que nunca han estado unidas al continente sudamericano. La fauna única de las Galápagos llegó aquí tras atravesar los casi mil kilómetros de agua que las separan del continente de forma mayoritariamente involuntaria. Después de sobrevivir al agotador pasaje atravesando las frías corrientes oceánicas o volando, las criaturas tenían que enfrentarse a los abruptos campos de lava. Los supervivientes se adaptaron al particular entorno del archipiélago, que es tan arrebatadoramente hermoso como hostil.

 

GALÁPAGOS REPRESENTA LA PROMESA DE UN ESTADO NATURAL CASI MITOLÓGICO.
—Carolina García Parra, veterinaria
—Las Islas Galápagos están compuestas por 18 islas principales, tres islas más pequeñas y 107 islotes.

El complejo ecosistema de plantas y animales que tenemos ante nosotros es algo único en el mundo. «Tres cuartas partes de las especies animales que habitan en las Islas Galápagos son endémicas», explica el alemán Swen Lorenz, director de la Charles Darwin Foundation. «La tortuga gigante de Galápagos, el pinzón de Darwin y la iguana marina no se encuentran en ninguna otra parte del mundo». Pero este paraíso se ve amenazado por el desarrollo humano, la importación de especies foráneas, la sobrepesca y el cambio climático. Es muy probable que las Galápagos hubiesen perdido su idiosincrasia hace mucho tiempo de no ser por la lucha por la conservación del ecosistema único del archipiélago que esta fundación ha hecho suya. A día de hoy, más de cien científicos, estudiantes y voluntarios trabajan constantemente en una campaña de concienciación, apoyándose en una investigación científica que combina el interés económico y ecológico de las islas hasta, en algunos casos, llegar a conciliarlos.

 

Hace tan solo unos años, el ecosistema de las islas se vio gravemente amenazado por el constante crecimiento del turismo y la consiguiente acumulación de basura, aguas residuales, derrames de petróleo e importación de plagas bactericidas y especies invasoras. El gobierno ecuatoriano, tras la incesante presión de la Charles Darwin Foundation, acabó por poner en marcha una campaña para salvaguardar las islas. Por ejemplo, se obligó a los ocupantes ilegales a volver al continente. El acceso del turismo quedó claramente regulado y se dispuso un sistema de ayudas para que la población de las islas pudiese aumentar su nivel de autosuficiencia. Esto permitió una drástica reducción de la importación de bienes y, con ello, del peligro de importación de animales extraños y de las posibles enfermedades que puedan portar. Por otra parte, se impulsó enormemente el suministro de energía renovable (solar y eólica). Como resultado de esta combinación de medidas, las Islas Galápagos pudieron salir de la «lista roja» de enclaves amenazados de la UNESCO, a la que fueron tristemente añadidas en 2007. «En contra de todas las profecías catastrofistas, el archipiélago es en realidad una historia de éxito», declara Swen Lorenz.

 

IWC Schaffhausen se unió a los defensores y guardianes de esta joya ecológica en 2009, año en que la comunidad científica celebraba los 200 años del nacimiento de Charles Darwin. «Sin un apoyo empresarial significativo, nuestro trabajo sería prácticamente imposible», comenta el director de la fundación. No obstante, la constante limitación de fondos suele obligar a los investigadores a ser más creativos. En la actualidad, Lorenz y su equipo aprovechan las ventajas que ofrecen Internet y las tecnologías de comunicación modernas para crear conciencia en el mundo respecto a los constantes peligros que amenazan a esta moderna y singular Arca situada en el Pacífico Sur.

 

EN CONTRA DE TODAS LAS PROFECÍAS CATASTROFISTAS, LAS ISLAS GALÁPAGOS SON TODA UNA HISTORIA DE ÉXITO.
—Swen Lorenz, director de la Charles Darwin Foundation

El trabajo en la estación de investigación es todo un sueño para la veterinaria Carolina García Parra. «Para un biólogo, las Galápagos representan la promesa de un estado natural casi mitológico, algo tan original que solo se puede ver en contados rincones del planeta», nos dice. La conservación de este lugar representa mucho más que la mera recuperación de un lejano archipiélago rocoso en mitad del océano, también simboliza la necesidad de tratar mejor a la Madre Naturaleza en todo el planeta.

 

Volvemos a la playa. Las famosas iguanas marinas caminan lentamente hacia el mar, donde desaparecerán rápidamente para buscar alimento en los bosques de algas. El sol ecuatorial quema sobre las rocas de lava negra. Cientos de iguanas descansan en cerrados grupos en los acantilados, disfrutando del calor y la luz. Parecen dragones en miniatura. «Duendecillos de la oscuridad», así fue como se refirió a ellas, sin mucha simpatía, el científico británico Darwin tras su primera visita a las Islas Galápagos en 1835, cuando empezó a desarrollar su famosa teoría de la evolución.

 

Con sus espinosas cabezas manchadas de sal y esas crestas puntiagudas que recorren sus lomos desde el cuello hasta la cola, no son unas criaturas especialmente agradables a la vista. Si a eso le añadimos unas poderosas garras, unos ojos muy distanciados y una lengua de color rojo chillón que brilla cada vez que abren la boca y muestran sus hileras de dientes afilados y puntiagudos, tenemos la sensación de encontrarnos ante una criatura perteneciente a una época prehistórica que hace ya mucho que desapareció.

 

Claro que, por otra parte, la belleza reside en los ojos de quien mira. Cuando Carolina García Parra observa a una Amblyrhynchus cristatus, nombre científico de la iguana, la ve como parte de la fascinante diversidad natural de las Islas Galápagos, algo con una especie de magia que no puede llegar a expresarse con palabras. «Hay que verlo en persona», nos dice la científica española cuando nos marchamos. «Cada una de estas islas es como una joya, una piedra preciosa con un radiante brillo propio que te cautiva para siempre».

 

—La iguana marina de las Galápagos tiene la habilidad, única entre las especies modernas de lagarto, de vivir y alimentarse en el mar. Un macho adulto puede llegar a sumergirse más de nueve metros bajo el agua. Su cola lateralmente plana y sus aletas con púas dorsales le ayudan a propulsarse, mientras que sus garras largas y afiladas le permiten sujetarse a las rocas cuando hay corrientes intensas.
—Bucear en las Galápagos es una experiencia magnífica que incluye avistamientos de rayas águila, peces exóticos de arrecife o tiburones martillo. No es ninguna sorpresa que tanto submarinistas aficionados como profesionales consideren este archipiélago como una de las Siete Maravillas del Mundo Submarino.

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