ICONOS DE ESTILO

El Portugieser Automático de elegancia atemporal y perfección técnica hace su entrada triunfal como un clásico de la belleza relojera. Con sus increíbles funciones mecánicas, como son el sistema de cuerda Pellaton, la reserva de marcha de siete días y la indicación de la fecha, demuestra que la grandeza no solo depende del diámetro. Los dos nuevos modelos, uno en acero y el otro en oro rojo, son un gran aporte a la élite de estos iconos de estilo.

 

 Es inevitable que nos venga a la cabeza el nombre Portugieser Automático cada vez que se habla de la exquisitez relojera tan apreciada unánimemente por los amantes de la relojería. No solo porque sea uno de los relojes Portugieser más populares desde el año 2004, sino porque traslada a la actualidad la historia del mítico Portugieser, que se remonta a los legendarios marineros portugueses.

 

La familia del calibre 50000 de grandes movimientos se diseñó específicamente para el Portugieser Automático, lo que marcaría el cambio de milenio, incorporando, una vez más, el sistema de cuerda Pellaton tras una larga ausencia, y una reserva de marcha de siete días, que se ideó en principio para una serie de coleccionista limitada que acabó cosechando una gran popularidad de inmediato. El nuevo movimiento de gran calibre de IWC se mejoró posteriormente, integrando la indicación de la fecha para que el Portugieser Automático, que apareció por primera vez en 2004, estuviera aún más preparado para el uso diario. Su esfera está protegida con un cristal de zafiro abombado con revestimiento antirreflejos por ambos lados. Con un diámetro de caja moderado, este reloj encontró rápidamente un hueco en las muñecas de hombres y mujeres.

El Portugieser Automático es la encarnación de un icono de estilo imperecedero que no se ve afectado por las modas pasajeras

A pesar de su modernización técnica, el Portugieser Automático ha seguido siendo un reloj clásico, elegante y distintivo desde la época en la que tuvo que convivir con el arraigado reloj de bolsillo, sobreviviendo finalmente, sin embargo, a la costumbre de llevar un reloj personal colgado de una cadena. Esto se puede apreciar en sus estrechas agujas lanceoladas, los apliques de números árabes, el círculo de los minutos de estilo ferrocarril y el pequeño segundero a la altura de las 9 horas, frente a la indicación de reserva de marcha a las 3 horas, su homólogo visual. El Portugieser Automático representa el equilibrio en su forma más atractiva y, como tal, es la encarnación de un icono de estilo imperecedero que no se ve afectado por las modas pasajeras. Al mismo tiempo, como reloj de uso diario, es un símbolo de la búsqueda de la perfección técnica y la integración lógica de los avances relojeros de los últimos setenta años.

En cualquier cambio o variación de este preciado legado relojero se considera hasta el más mínimo detalle, algo que también sucede con las dos variantes del modelo lanzadas recientemente. La primera novedad, disponible desde el otoño de 2009, aporta un toque refinado a los modelos anteriores de acero: las agujas, los números y los índices de las horas sobre la esfera plateada están chapados en oro rosa, rememorando una de las antiguas variantes de acero como la del aniversario del Portugieser de 1993. 

Los modelos de acero anteriores, incluida la variante con apliques oscuros y agujas azuladas, siguen formando una parte integral de la colección. La segunda novedad es que el Portugieser Automático se fabrica por primera vez en oro rojo de 18 quilates, aportando una mayor calidez que el oro rosa que se utilizaba anteriormente. Los apliques de la esfera plateada son asimismo de oro rojo de 18 quilates. El diámetro de la caja (42,3 milímetros) y la altura (14 milímetros) se mantienen como en los modelos anteriores.

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