EL PORTOFINO MIDSIZE: LA IMPRESIÓN DE UN COLECCIONISTA

En los más de 25 años que he dedicado a coleccionar relojes, he poseído muchos y admirado otros tantos más. Pero parece que siempre vuelvo a los clásicos. En mi opinión, los mejores relojes tienen un estilo indiscutible. El estilo clásico persevera y acaba triunfando.

 

He tenido relojes con movimientos de un acabado exquisito debido al perfecto pulido de cada ángulo y cada puente de cada movimiento. He tenido relojes con ingeniosas complicaciones, cuya finalidad era a veces demostrar la destreza del relojero más que ofrecer una funcionalidad. Nada de eso me parece mal. Son ars gratia artis: el arte por el arte.

 

Sin embargo, estos relojes solo tienen valor si cumplen con el requisito del estilo. Un reloj, por encima de todo, debe tener un aspecto atractivo. Debe ser seductor e irradiar elegancia, magnetismo, equilibrio y proporción.

En un día cualquiera, puede que no accione el pulsador de la complicación ni admire el puente, sino que, simplemente, quiera saber qué hora es. Miraré la esfera y la caja muchas veces a diario. Si en ese proceso veo algo que no es atractivo, se arruinará la experiencia por completo.

 

Un reloj debe ser hermoso porque el tiempo, como todos sabemos, es oro. Nuestras vidas están gobernadas a diario por el inexorable paso del tiempo. Quizá esa es la razón por la cual el tiempo, un lujo único y efímero, a menudo se mide en relojes fabricados con metales preciosos. Nuestros relojes deben ser bienes preciados y, como tal, irradiar arte.

 

Pero crear un reloj hermoso implica mucho más que usar un metal precioso, incluir una esfera bonita o adornar la caja o la esfera con gemas. Además, la belleza es un elemento subjetivo. Sin embargo, cuando un reloj es innegablemente hermoso, todos coincidimos, independientemente de nuestros criterios.

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Y, si hay algún reloj cuya belleza sea un hecho innegable, estos son los nuevos modelos Portofino de tamaño medio de IWC. Desde todos los puntos de vista, deben estar entre los relojes con más estilo y atractivo que IWC haya fabricado jamás. Tienen todo lo necesario para controlar el tiempo, y lo hacen con elegancia. Estos nuevos Portofinos, depurados y refinados, son relojes de una elegancia impecable. Cautivan con solo mirarlos.

 

Estos modelos Portofino de tamaño mediano hacen gala de una inteligencia tan clara y sencilla en su diseño que pueden llegar a parecer engañosamente básicos. Es como cuando alguien que ve una pintura abstracta moderna exclama: "¡Eso lo podría haber hecho yo!", y la mejor respuesta es: "Pero no lo has hecho". En este reloj también hay modernidad de diseño, hábilmente combinada con elementos clásicos para crear algo específico. Porque si un diseño es puro y adecuado, llega a todo el mundo. Es bello e impactante. Único en su simplicidad y glamour.

 

Empecemos por el tamaño. El tamaño es mucho más que una diferencia de milímetros, ya que crea una dimensión y presencia distintivas. En el caso de los Portofinos de tamaño medio, las medidas son de 37 mm y 40 mm de ancho. Hace unos años no se habría considerado de tamaño medio: los modelos Portofino típicos en la década de 1990 eran de 34 mm. Y, por aquel entonces, se consideraba que los relojes con cajas de 42 mm eran enormes. Pero hoy, 37 mm o incluso 40 mm son el nuevo estándar. Los cambios en la cultura y el estilo responden a los gustos de la sociedad, y se producen lentamente y de forma discreta, aunque en este caso la evolución del tamaño supone una mejora importante.

Para adornar el elaborado espiral exterior se utilizó un delicado nácar, con un resultado celestial…

Para mí, estos tamaños, de 37 mm y 40 mm, son perfectos para estos relojes. Un reloj necesita un tamaño suficiente para que podamos leer la hora con facilidad, y esto está muy bien conseguido. Pero estos tamaños van más allá de la funcionalidad: otorgan al reloj una gran presencia. Se harán notar y se dejarán admirar. Es más, estos tamaños permiten que la claridad de la esfera adquiera protagonismo en el diseño.

 

Lo primero que llama la atención es la caja y la esfera. Muchos de los nuevos modelos cuentan con diamantes en los biseles, rodeando la pieza con un halo de luminosidad. Dependiendo del modelo, pueden tener 66 o 72 diamantes, de en torno a 1,4 mm de diámetro cada uno, rodeando la esfera con una elegancia discreta a la par que resplandeciente. Estos diamantes seleccionados a mano son de gran calidad, con un corte brillante, VVS (con inclusiones muy, muy ligeras) y gradación de color F-G. El peso total de los relojes con diamantes tanto en la esfera como en el bisel es de cerca de un quilate.

 

Estos diamantes son tan sutiles y clásicos como las propias líneas del reloj. Las esferas también son partícipes de este elegante diseño, plateado y discretamente brillante, pizarra (un acabado metálico especial) o incluso nácar. Estas esferas destilan glamour, romanticismo e incluso un cierto misterio. Con la esfera de nácar, uno recuerda con facilidad las palabras de William Butler Yeats:

"Incluso con el glamour y el atractivo de los diamantes, combinados con el sutil romanticismo de estas esferas, el diseño de un reloj puede decepcionar si no es bello". A este respecto, los nuevos modelos Portofino muestran una elegancia contenida con cajas redondas, biseles finos y asas rectas. Otro ejemplo de ello son los sencillos marcadores de los cinco minutos y los finos números romanos de las 12 y las 6, así como las agujas lanceoladas ligeramente curvadas. Es lo que se llama un clásico de la belleza. Es sutil, es simple y guarda una elegancia proporcionada.

 

IWC también lleva esta pureza a otros dos modelos con complicaciones, a pesar de que aquí esta palabra puede resultar poco apropiada. No son complicados en el sentido de que la esfera esté abarrotada de elementos o el reloj resulte estridente. Todo lo contrario, las complicaciones añaden romanticismo al reloj. Una de ellas muestra discretamente un segundo huso horario. La otra permite ver las fases de la Luna, lo que siempre tiene un componente romántico. Además, la línea Portofino nació en 1984 con una indicación de las fases lunares. IWC, una vez más, yendo un paso más allá.

 

Los coleccionistas de relojes a menudo aceptan los diseños de las piezas sin espíritu crítico, y esto puede ser un gran error. Antes que nada, un reloj debe ser bonito. La elegancia y el encanto tienen un valor intrínseco.

 

Los nuevos relojes Portofino de medio tamaño tienen mucho más que eso, no solo por lo que evocan, sino también por lo que son. Yuxtaponen contención y glamour. Muestran finura e irradian romanticismo. Los nuevos relojes Portofino son puro arte, en el sentido más elevado de la palabra. Siempre serán obras con estilo y reflejarán un buen gusto atemporal.

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